
Los alimentos en general contienen
agua en una proporción elevada. El agua está
formada por moléculas polares. Esto quiere decir que podemos considerar la molécula de agua como una
estructura con dos polos en los extremos, uno positivo y el otro negativo.
Las
microondas son capaces de tirar de los polos de las moléculas polares
forzándolas a moverse. El sentido en que las microondas tiran de las moléculas cambia
2450000000 veces por segundo. Esta interacción entre microondas y moléculas polares provocan el giro de éstas.
Las microondas hacen rotar más o menos eficientemente al resto de moléculas polares que hay en los alimentos además del agua.
Una vez que las moléculas de agua presentes en los alimentos
comienzan a girar, pueden transferir parte de esta
energía mediante choques con las moléculas contiguas. Este mecanismo hará que por conducción todo el alimento acabe
calentándose.
Las microondas sin embargo no tienen
ningún efecto sobre las moléculas apolares (sin polos), por ejemplo los
plásticos. Tampoco ejercen efecto sobre sustancias polares en las que las partículas que las forman no tienen movilidad. En este grupo estaría el agua sólida, la sal común, la porcelana o el vidrio.
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